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EN DEFENSA DE LA AUTÉNTICA PSICOLOGÍA

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Hola a todos.

Este espacio está dedicado a dar a conocer la verdad sobre la terapia psicoanalítica.

Si alguien busca un psicólogo, debe asegurarse de que sea un profesional que realice terapias basadas en la psicología científica. La mayoría de los psicólogos en España lo hacen. Pero aún existe una minoría que se dedica a la terapia psicoanalítica. Lo que queremos es dar a conocer que la terapia psicoanalítica es un fraude, que no funciona, que se basa en mentiras y que puede llegar a ser muy perjudicial.

Comenzaremos con una lista de enlaces que ponen al descubierto las mentiras de la terapia psicoanalítica:

Freud y Lacan, el fraude

Un ensayo fulmina la figura de Freud

Pseudociencias: El psicoanálisis

Algunas críticas al psicoanálisis

Las mentiras del psicoanálisis

Fantasías freudianas: La secta psicoanalítica, nazismo y cocaína

El psicoanálisis, una pseudociencia escondida a la vista de todos

El psicoanálisis hace agua

El psicoanálisis va a desaparecer

Destruir el diván

El timo del psicoanálisis

Además, cuatro libros recomendados:

DECADENCIA Y CAÍDA DEL IMPERIO FREUDIANO

EL LIBRO NEGRO DEL PSICOANÁLISIS

EL PSICOANÁLISIS ¡VAYA TIMO!

LAS ILUSIONES DEL PSICOANÁLISIS

Al psicoanálisis hay que juzgarlo en una doble dimensión: una en el terreno de la salud mental (la terapia psicoanalítica) y otra en el del pensamiento acerca del ser humano y la sociedad. No habrá que negar las aportaciones a la cultura contemporánea del psicoanálisis como pensamiento filosófico y social. Sin embargo, la terapia psicoanalítica no ha demostrado validez en el tratamiento de los problemas de salud mental. Desde hace décadas, la psicología científica ha rechazado ampliamente las técnicas terapéuticas del psicoanálisis. Basta con revisar los enlaces que hemos puesto más arriba.

En los últimos años de su carrera, el que fue famoso psicoanalista Jacques Lacan pronunció una conferencia en la que dejó dicho sobre el psicoanálisis: “Nuestra práctica es una estafa. Fanfarronear, hacer pestañear a la gente, deslumbrarla con palabras rebuscadas (…) Desde el punto de vista ético, nuestra profesión es insostenible” (Conferencia que Jacques Lacan pronunció en Bruselas el 26 de febrero de 1977, publicada en septiembre de 1981 en “Le Nouvel Observateur”, nº 880). Estamos de acuerdo con lo que dijo Lacan. Ahora, veamos cómo de falsa puede ser la práctica del psicoanálisis.

La terapia psicoanalítica está basada en conceptos no demostrados, conceptos que son fruto de la pura especulación. El principal de ellos es la dinámica del inconsciente. Nadie ha podido demostrar que el funcionamiento de lo inconsciente sea ése que le atribuyen los psicoanalistas. En lo que dijo Freud se cree o no se cree, como en los dogmas de cualquier religión. Y es que la terapia psicoanalítica no se basa en la investigación empírica, con datos contrastados, sino en la invención fantasiosa. No parece lógico que cualquiera pueda escribir un tratado de psicología y decir lo que se le antoje, como el que escribiera una novela. Así pues, esta curiosa terapia se fundamenta en una mitología ajena por completo a los parámetros en los que se mueve la ciencia de la mente y la conducta (la psicología). Los fundamentos teóricos de la terapia psicoanalítica no son muy distintos a los de la cartomancia, la ufología, el espiritismo o el curanderismo.

Por otra parte, algunas características intrínsecas de la terapia psicoanalítica también merecen una crítica desde la psicología más actual. Hay que tener en cuenta que el método del psicoanálisis no ha cambiado nada desde que fue instituido por Sigmund Freud hace más de 100 años, en una sociedad predemocrática y jerarquizada. Precisamente, uno de los puntos críticos es la relación desigual entre terapeuta y cliente (los psicoanalistas prefieren llamarlo “paciente”, tal vez para sentirse médicos). Dado que el psicoanálisis consiste en sacar lo que hay oculto en el inconsciente del cliente, se considera que sólo el terapeuta está capacitado para descubrir esos contenidos ocultos. De este modo, se pone al cliente en una posición de inferioridad frente al psicoanalista, pues se supone que no podrá comprender sus propios sentimientos y necesidades vitales hasta que el terapeuta haya descubierto qué hay en su inconsciente. Esto representa una aberración científica y un abuso de poder, pues nadie mejor que uno mismo conoce sus propias necesidades, sus motivaciones, sus frustraciones, sus obstáculos o sus criterios de felicidad, sin tener que indagar en las “profundidades” de un inconsciente sólo accesible a “iniciados”.

Relacionado con lo anterior se encuentra la cuestión de los falsos recuerdos. El psicoanalista hace saber a su cliente que en la vida de éste han ocurrido ciertos acontecimientos traumáticos (por ejemplo, episodios de abuso o abandono en la infancia,…) o que actualmente está experimentando ciertos sentimientos negativos (por ejemplo, hostilidad hacia personas próximas, culpabilidad ante el éxito,…). Pues bien, si el cliente dice no recordar tales acontecimientos o no experimentar esos sentimientos, la afirmación del terapeuta es muy clara: están incrustados en el inconsciente, por eso no son accesibles. Si el cliente, después de reflexionarlo, siguiera dudando e insistiendo en ello, el psicoanalista afirmaría que el mismo hecho de negarlo es una “prueba” de que aquello está oculto en el inconsciente y que se resiste a salir a la luz (???). Toda duda sobre lo que dice el psicoanalista es una “prueba” de que el psicoanalista tiene razón.

Como se ve, uno de los rasgos esenciales de la terapia psicoanalítica es la posición incontestable del terapeuta. El rol del experto alcanza su plenitud en esta terapia: “yo tengo el conocimiento, usted la patología”. La posición desigual entre cliente y terapeuta, y la fe ciega que uno ha de depositar en el otro, se refleja en el tipo de interacción que establecen a través del diván. En la consulta de un psicólogo normal, terapeuta y cliente hablan cara a cara, sentados en sillas y con una mesa común de nexo. En la terapia psicoanalítica no es así. En la terapia psicoanalítica el cliente se tumba en un diván, mientras que el terapeuta se sienta en un sillón a la cabecera de aquél, para observarlo como quien observa a un animalillo. La postura del cliente le impide ver cualquier cosa que no sea el techo de la habitación, y cuando oye al psicoanalista no puede mirarlo, solamente oye una voz que habla por encima de su cabeza. Una disposición física idónea para mantener una desigualdad de estatus, que es precisamente lo que se persigue: desde esta posición de inferioridad, el cliente queda en manos del psicoanalista para que éste ejerza su papel de gurú.

La mayoría de las personas que acuden a un psicoterapeuta lo hacen buscando ayuda para adaptarse a las demandas de una vida social compleja y exigente. Por ello, las corrientes de psicología clínica más actuales enfatizan los aspectos positivos y no los patológicos, intentando fortalecer los recursos de la persona para afrontar su vida. El psicoanálisis, por contra, focaliza sobre los conflictos internos, que se convierten en el protagonista de toda la terapia. El psicoanálisis no enseña habilidades sociales, técnicas de control de la ansiedad, modos de manejar situaciones, fortalecimiento de los recursos psicológicos o procedimientos de consecución de metas, sino que pretende hurgar en el inconsciente para sacar presuntos conflictos que al hacerse conscientes desaparecerían (???). Esto convierte al psicoanálisis no en una terapia de apoyo emocional y desarrollo de recursos, sino en una especie de experiencia mística en la que redimirse de misteriosos traumas.

Pero ¿es efectiva la terapia psicoanalítica? No lo es. Las investigaciones en psicología han demostrado que el psicoanálisis no sólo no es efectivo, sino que puede ser perjudicial (ver los enlaces que hemos puesto más arriba). Sacar a la luz viejos “traumas” guardados bajo siete llaves en el inconsciente no alivia los problemas emocionales, ni aporta más salud mental, ni permite a la persona adaptarse mejor a las exigencias de la vida. No hay ningún dato de investigación seria que avale la eficacia de la terapia psicoanalítica. Como tampoco lo hay de que se pudiera hacer un diagnóstico de personalidad leyendo las rayas de la mano o que nuestro comportamiento dependa de los astros.

Hay casos de personas que tras varios años de psicoanálisis han tenido que acudir a otro psicólogo para “desprogramarse” de lo que un psicoanalista metió en su cabeza. La terapia psicoanalítica puede crear confusión, culpabilidad y tensión en una persona con problemas. No hay que olvidar tampoco que la terapia de psicoanálisis es innecesariamente larga: suele durar varios años, con dos o tres visitas semanales. Esto supone un desembolso económico también innecesariamente elevado y una entrega emocional al terapeuta que no se espera en otros tipos de terapia psicológica.

Deseamos encontrar testimonios de personas que se hayan visto perjudicadas por la terapia psicoanalítica. No queremos que se mencionen nombres de terapeutas, pero sí denunciar los abusos del psicoanálisis. Éste es un espacio abierto y libre para ello.

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